Por Vidal Ibarra Puig[1]
Hace dos semanas el Banco de México, Banxico, publicó sus estimaciones del crecimiento de la economía mexicana para este 2025, y sus predicciones para 2026, como se aprecian en el cuadro 1.

Como se puede apreciar, la economía mexicana no va a crecer este año. Y para el año próximo las perspectivas de nuestro banco central son pesimistas: apenas 1.1 por ciento. Ambas cifras son insuficientes para absorber a la cantidad de los jóvenes que cada año se incorporan a la fuerza laboral, estimados en 750,000 por año.
¿Cuáles son las consecuencias de este nulo crecimiento? En primer lugar, no habrá creación de empleos, y los que surjan, dada la trayectoria de la economía mexicana en los últimos años, se crearán mayoritariamente en el sector informal, donde no hay seguridad social (servicios médicos), ni planes para un retiro digno, lo cual afecta no solo a los propios trabajadores, si no que también a sus familias, destacando el impacto en la niñez. Pero el hecho que no haya crecimiento también significa que las ventas de las empresas no aumentan, por lo que los aumentos salariales se verán limitados, y el aumento tan fuerte del salario mínimo que se anunció (aumento del salario mínimo y profesional del 13 por ciento y del 5 por ciento en la zona fronteriza norte), presionará las finanzas de las empresas, sobre todo de las micro y pequeñas empresas, ya que las medianas y las grandes no se rigen por estos aumentos, y por lo general los incrementos que otorgan son al ritmo de la inflación registrada, o menos.
La tercera consecuencia del no crecimiento es que, ante las malas ventas, la inversión se frena y eso afecta la mencionada creación de empleos: el sector formal se estanca. Y una cuarta implicación es que la falta de nuevos empleos frena el consumo, a pesar de las millonadas de dinero que el gobierno da como regalos y que alivian solo momentáneamente la pobreza.
Pero vayamos a nuestra pregunta original: ¿A qué se debe que la economía mexicana no crezca?
La primera parte de la respuesta viene dada por el nulo crecimiento de la inversión, como se aprecia en la siguiente gráfica.

Después de la brutal caída de la economía mexicana en 2020 debido al pésimo manejo de la pandemia con sus más de 800,000 fallecidos, y por la propia pésima política económica instrumentada a lo largo del sexenio (recuérdese que el sexenio pasado crecimos el 0.8 por ciento, el ritmo más bajo de todo el periodo neoliberal), la recuperación de la inversión se vio frenada a partir de la llegada de la nueva administración a fines de 2024. En otras palabras, el sector empresarial ve con mucha desconfianza el entorno para invertir, situación en la cual influyen muchas causas: los asaltos a negocios, los asaltos en carreteas, el cobro de piso, los secuestros, la falta del estado de derecho (ahora se discute incluso el revertir las sentencias sobre actos ya juzgados, lo que quebrantaría definitivamente el sistema jurídico de nuestro país, pero desgraciadamente, todo puede suceder en estos tiempos). Nótese de la figura anterior que el indicador global de inversión mantiene su tendencia a la baja, no obstante la recuperación de la inversión en maquinaria y equipo, que en condiciones normales sería un signo positivo.Ahora bien. Otra razón por la que no crece la economía mexicana es que el consumo está estancado, si no es que con tendencia a la baja, como se aprecia en la siguiente gráfica.

Como se puede observar, el Consumo Privado apenas y se ha recuperado de la mencionada caída por la pandemia; y el que menos crece es el consumo Nacional, mientras que el Importado se ha recuperado, aunque con altibajos en el último año. Y aquí recordamos lo anotado líneas arriba: sin consumo no hay inversión, y sin inversión no hay creación de empleos y por lo tanto no habrá más consumo.
¿Cuáles son entonces las Perspectivas para 2026?
Como señala Banxico en la nota del cuadro al principio de esta nota, el pronóstico para 2025 ha disminuido a la mitad de lo anteriormente estimado (que ya de por sí era un raquítico 0.6 por ciento) y para 2026 se mantiene en 1.1 por ciento. En otras palabras: hay pesimismo sobre el futuro crecimiento.
Se podría argumentar que los aumentos a los salarios mínimos van a aumentar el consumo, pero no debemos olvidar la muy precaria situación del sistema de salud y la no existencia de medicamentos en los hospitales del sector salud (ya nos dijeron que ante esta situación lo mejor es no enfermarse y, si uno se enferma que no nos preocupemos: siempre habrá alguien que nos dé un apapacho si nos enfermamos, y tocamos madera); y ante esta situación, las personas se tienen que dirigir hacia los sistemas privados de salud y de medicamentos, los cuales han incrementado sustancialmente sus precios (además de que el sector farmacéutico enfrenta una muy grave crisis ante la falta de pago por parte del gobierno mexicano, a pesar de haber surtido desde hace varios meses las medicinas solicitadas).
Las perspectivas se ven además ensombrecidas por lo siguiente. México está en proceso de imponer aranceles a los productos provenientes de países asiáticos y otros con los cuales no tenemos firmado algún acuerdo de libre comercio. Estos aranceles van aplicados especialmente a China (ignoramos si por obedecer a Trump y mantener presiones a la economía china), pero México debe ser cuidadoso si estos países asiáticos nos imponen, a su vez aranceles.
No está clara la estrategia de la política comercial mexicana al imponer estos aranceles. Los aranceles tienen una doble función: recaudar recursos para el gobierno; y proteger la industria nacional. México importó en 2024 más de 200,000 millones de dólares de productos de países asiáticos con los cuales no se tiene tratado comercial. Si se les pone un arancel promedio del 20 por ciento a estas mercancías, se harían cuentas alegres que darían al gobierno federal 40,000 millones de dólares. Nada mal. México exportó a su vez alrededor de 20,000 millones de dólares. Y aquí aparece el “pero”: si los países asiáticos afectados deciden imponer los mismos aranceles a México, estaremos fritos, pues las empresas mexicanas estarían en franca desventaja con otros países que podrían sustituirnos como proveedores de esos mercados. Además, al imponer México esos aranceles, está atentando contra el espíritu de los acuerdos comerciales firmados con esa región del mundo y que nos han permito acceso preferencial a esos mercados, lo cual se perdería. La moneda está en el aire.
La OCDE estima un crecimiento del 2 por ciento este año para los EEUU, y una baja al 1.6 por ciento para 2026; o sea que nuestro mercado externo más grande se va a contraer. Malas noticias para nuestro país.
En resumen: baja inversión, bajo consumo, falta de creación de empleos formales, mercados externos a la baja o con riesgo de perderlos. La situación para la economía mexicana, con una proyección del banco central de un crecimiento del 1 por ciento para 2026, nos parece muy optimista. Más bien apostaríamos a un crecimiento del 0.5 por ciento para el próximo año, partiendo de la estimación del 0.3 por ciento para nuestro país para este año por parte de Banxico.
Ojalá nos equivoquemos y que nuestro país crezca, al menos, ese 1 por ciento, que seguirá siendo muy insuficiente, pero peor es el 0.3 por ciento de este año.
Cuide su salud y cuide su dinero, La nueva variante de la influenza es agresiva y el Covid no se ha ido. Con nuestro sistema de salud sin medicinas, sin equipos y sin insumos, coincidimos con el gobierno: mejor no se enferme. Use cubrebocas.
[1] Doctor en Relaciones Económicas Internacionales por Sciences Po París; profesor investigador Departamento de Economía, UAM Azcapotzalco.

