Opinión

Irán: el león herido/Vidal Ibarra Puig

Por Vidal Ibarra Puig[1]

A últimas fechas he dedicado mis lecturas a algunos imperios, entre ellos el imperio persa. Me llama especial atención la época del imperio aqueménida, cuando Ciro el Grande (Ciro II, 600-530 AC) expandió el imperio persa desde Anatolia (Turquía), hasta la India, Babilonia y Persia, incluyendo toda la costa este del Mediterráneo. Como resultado de estas conquistas, cuando Babilonia quedó sometida, el rey persa emitió un decreto (edicto de Ciro) que ponía fin al exilo y la esclavitud por parte de Babilonia, permitiendo especialmente a los judíos regresar a su patria y reconstruir el templo de Jerusalén, para lo cual incluso se los financió.

La llegada del islam a esa zona del mundo significó una transformación radical, pues trajo consigo sus contradicciones, como es la división entre Sunitas y Chiítas.

Persia fue conquistada por los árabes musulmanes (633-651 d.C.) y esto marcó el fin del Imperio Sasánida, iniciando un proceso de islamización hasta el siglo X. Es de notar que aunque Persia adoptó el islam, este país mantuvo su identidad cultural; y aunque inicialmente predominó el islam sunita, la conversión forzosa al chiismo por la dinastía safávida (siglo XVI) definió la identidad religiosa de Irán, hasta la actualidad. Esta distinción es importante pues tenemos entonces que los iraníes no son árabes, son orgullosamente persas, por lo que los países árabes no se ven directamente afectados en este caso por razones de raza, y tampoco por razones religiosas, cuando estos dos países han decidido atacarlo.

La posterior evolución de Irán se ve acompañada por la caída del imperio otomano y la entrada de las potencias europeas como dominantes en esa región del mundo después de la primera guerra mundial, momento a partir del cual Inglaterra tuvo una fuerte presencia aplicando su exitosa estrategia de “divide y vencerás”.

En 1921 el general Reza Jan ejecutó un golpe de Estado en Irán contra el rey Ahmad Shah, acabando con la dinastía Qayar, tras lo cual asciende al trono Reza Jan apoyado por las potencias europeas, y escogió como nombre Reza Pahlaví, con la idea de crear la “dinastía” Pahlaví. Sin negar que Reza Jan estimuló la modernización del país, a través de la mejora de carreteras, creación de la primera universidad al estilo europeo, y una limitada emancipación de la mujer, estos elementos generaron conflictos entre el rey y los clérigos islámicos. Negándose a toda oposición, desde inicios de la década de 1930 Reza Pahlavi persiguió y encarceló a los clérigos que cuestionaban sus reformas.

En 1941 falleció Reza Jan, y lo sucedió su hijo, Mohamed Reza Pahlevi. Existe la versión de que al ver el país que heredaba, Reza Pahlevi se negó a ser el sucesor, pero las compañías petroleras occidentales lograron que, a través del convencimiento de su hermana gemela, asumiera el compromiso de gobernar, cosa que hizo hasta su derrocamiento en 1979. Trató de proseguir la modernización de su país, pero a un alto costo social, que se manifestó en una cada vez más altas tasas de pobreza y una altísima concentración de la riqueza y del poder en su figura y en la de su familia. Eliminó toda la oposición a través de su temida policía, la Savak, con la que reprimió no solo a la población civil, sino que también a los clérigos chiítas;

Esta situación llevó a la revolución liderada precisamente por los clérigos religiosos chiítas; y fue un refugiado político en París, Ruhollah Musavi Jomeini, quien en 1979, derrocó a Mohammad Reza Pahleví, y fue posteriormente líder supremo del país hasta su fallecimiento. Jomeiní se convirtió en el líder supremo del país, una posición creada en la constitución de la nueva república islámica como la autoridad política y religiosa de más alto rango de la nación, cargo que ocupó hasta su muerte. Después Alí Jamenei lo sucedió el 4 de junio de 1989.

Es de notar que, en 2012, al momento de las negociaciones sobre el programa nuclear de Irán, no se prestó atención ni la importancia debida a una fatwa (decreto religioso) emitida por el ayatolá Seyyed Ali Jamenei, líder de la Revolución Islámica de Irán, done prohibió todas las armas de destrucción masiva (ADM), en particular las armas nucleares. Según otras fuentes, anteriormente el mismo Jomeini utilizó el mismo mecanismo de una fatwa, para los mismos fines, además de que la gran mayoría del pueblo iraní cree que la bomba nuclear es incompatible con el Islam y muchos más respaldan una zona libre de armas nucleares para Oriente Medio.

En otras palabras, de acuerdo con estas fatwas, Irán no tuvo nunca, no tiene y no pensaba tener armas nucleares.

Por otro lado, diversos medios coinciden en señalar que hasta dos días antes del inicio de los bombardeos de la presente guerra, había ya un principio de acuerdo en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, pero que Israel las boicoteó por dos razones: 1) a Israel le interesa destruir a Irán, su enemigo mejor preparado y el único capaz de hacerle frente; 2) Sus servicios de inteligencia les informaron de la reunión que tendría lugar dos días despúes y en la que estarían todos los líderes de Irán, por lo que eran al blanco perfecto para un bombardeo, tal como sucedió. Una tercera razón es que los fiscales en un juicio contra Netanyahu parecen tener cada vez más evidencias incriminatorias en un juicio que enfrenta por corrupción y soborno; de ahí su urgencia por una guerra.

La actual guerra es demasiado riesgosa, pues Irán ocupa el tercer lugar en reservas de crudo, por detrás de Venezuela y Arabia Saudita. Precisamente creemos que el interés de EEUU por apoderarse de Irán es triple: quedarse con su petróleo; posicionarse geoestratégicamente muy cerca de Rusia como elemento de presión; y, en tercer lugar, cerrar la posibilidad de que China puede abastecerse del petróleo iraní y con esto, tener un elemento clave para frenar el continuo ascenso de China como potencia; o al menos retrasarlo.

Ahora bien. A raíz de la presente guerra, Irán ha bloqueado el estrecho de Ormuz, señalado con una cruz azul en el mapa.

Esto significa cerrar el paso al 20 por ciento del petróleo mundial, con lo cual se afectan todas las economías de los países importadores de este petróleo, pero también las del golfo pérsico, todas ellas exportadoras de petróleo; y al mismo tiempo, implica que las mercancías que ellos reciben regularmente vía marítima, se ven detenidas, entre las cuales se encuentran topo tipo de bienes: de capital, intermedios y, sobre todo, alimentos.

El asesinato que han llevado a cabo Estados unidos e Israel de la población civil en Irán, tal como fue el bombardeo de una escuela donde estudiaban básicamente niñas y de las cuales murieron al menos 160, es un crimen de lesa humanidad, tal como ha sido el bombardeo de hospitales y ahora la infraestructura de Irán. Adicionalmente, el artero ataque contra un buque escuela iraní por parte de un submarino estadounidense no hará más que aumentar el sentimiento antiestadounidense en ese país.

Recordemos por otro lado que el Artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas establece que:

Numeral 3. Los Miembros de la Organización arreglarán sus controversias internacionales por medios pacíficos de tal manera que no se pongan en peligro ni la paz y la seguridad internacionales ni la justicia.

Numeral 4. Los Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los Propósitos de las Naciones Unidas.

En otras palabras, hay una clara violación al Derecho Internacional, en especial a la Carta de la ONU, de la cual Estados Unidos e Israel, así como Irán, son firmantes. 

Recordemos que el distractor de una guerra hacia otro país ya tiene un antecedente en los EEUU. Bush Jr. hizo lo mismo cuando invadió Irak con el fin de quedarse con su petróleo, como ellos mismos lo reconocieron, y no las supuestas armas químicas que decían que poseía Sadam Hussein; y todo por esconder el escándalo de corrupción de la empresa Enron, que ya lo amenazaba directamente, siendo la guerra con Irak el gran distractor.

Ahora, con Donald Trump, por tapar el escándalo de los Archivos de Epstein, que involucran, y hay que decirlo, a una persona que es un criminal convicto que fue hallado culpable de 34 cargos de falsificación de registros comerciales en primer grado (lo que lo volvió en el primer presidente estadounidense condenado por delitos graves y que continúa en funciones), una nación es atacada y condenada por la prensa occidental como agresora, siendo que está ejerciendo su derecho a la legítima defensa ante el ataque de dos países sin justificación alguna, salvo las causas que mencionamos anteriormente.

Vemos entonces que los EEUU atacan a Sunitas (Irak) y Chiítas (Irán), actuando solo en función de sus intereses propios y en apoyo de Israel, que, como mencionamos, lo mínimo que podría es estar agradecido con los iraníes por haberlos liberados bajo el reinado de Ciro el Grande.

Un gran paso hacia la paz y la estabilidad en el medio oriente sería, sin duda, una reconciliación entre las dos grandes tendencias del islam: chiítas y sunitas; así como lograr acuerdos de abastecimiento de petróleo de largo plazo entre los países productores y los consumidores.

Irán es un león herido y definitivamente luchará hasta vencer o morir. Está ejerciendo su derecho a la legítima defensa. No es un choque de civilizaciones: es la búsqueda de petróleo y el expansionismo contra la voluntad de un pueblo soberano.

[1] Doctor en Relaciones Económicas Internacionales por Sciences Po París; profesor en el Departamento de Economía, UAM Azcapotzalco.