Por Daniela Menéndez, Country Manager de Palo Alto Networks México.
Con el torneo internacional de fútbol, estamos presenciando un momento sin precedentes. Por primera vez, un acontecimiento global reúne a más de 5 millones de personas de forma presencial y a miles de millones más a través de plataformas digitales, todo ocurriendo al mismo tiempo. Con 48 equipos, más de 100 encuentros y 16 ciudades anfitrionas distribuidas en tres países, este evento representa uno de los ecosistemas digitales más amplios y complejos jamás desplegados.
Sin embargo, lo más importante no es el evento en sí mismo. Lo verdaderamente relevante es lo que representa. Lo que estamos observando es una demostración a gran escala de cómo serán los grandes acontecimientos internacionales del futuro, es decir, experiencias cada vez más conectadas, impulsadas por plataformas digitales, inteligencia artificial, servicios en tiempo real e infraestructuras interdependientes que acompañarán a millones de personas antes, durante y después de cada evento. En otras palabras, este no es el punto de llegada de una transformación digital; es apenas el comienzo.
Durante décadas, las grandes concentraciones humanas estuvieron definidas principalmente por lo que ocurría en el espacio físico. Hoy eso ha cambiado. La experiencia comienza semanas o meses antes a través de aplicaciones móviles, plataformas de reservación, sistemas de transporte, pagos digitales, servicios de hospitalidad, redes sociales, transmisiones en línea y herramientas basadas en inteligencia artificial. Lo físico y lo digital ya no operan por separado, forman parte de una misma experiencia.
Esto tiene profundas implicaciones para la ciberseguridad
A medida que crece la conectividad, también crece la complejidad. Nuestros investigadores de Unit 42 han identificado que los ecosistemas digitales de esta magnitud concentran tres grandes tendencias, disrupción operativa, fraude con fines económicos y campañas de desinformación. Este último punto resulta especialmente relevante en un contexto donde la inteligencia artificial ha facilitado la generación de contenidos cada vez más sofisticados, incluyendo videos manipulados, identidades sintéticas y mecanismos de suplantación difíciles de detectar. Además, ya hemos identificado más de 5,000 dominios fraudulentos vinculados a actividades asociadas a este tipo de eventos globales y lo más relevante es que el riesgo digital ya no crece de forma lineal, ahora crece de manera exponencial.
De acuerdo con el más reciente Identity Security Landscape Report de Palo Alto Networks, las organizaciones operan actualmente con una proporción promedio de 109 identidades de máquina por cada identidad humana, una cifra que ilustra cómo los sistemas automatizados, las aplicaciones, los servicios digitales y los agentes de inteligencia artificial están adquiriendo un papel cada vez más relevante dentro de nuestras actividades cotidianas. De hecho, las identidades vinculadas a agentes de IA son actualmente una de las categorías de mayor crecimiento dentro de las organizaciones.

Esto significa que los grandes eventos del futuro no solo estarán compuestos por millones de personas interactuando simultáneamente, sino también por millones de identidades digitales, plataformas automatizadas y sistemas conectados tomando decisiones en tiempo real. Es decir, la superficie digital seguirá expandiéndose mucho más rápido que nuestra capacidad tradicional para gestionarla.
Los números muestran con claridad la magnitud del desafío, el 90% de las organizaciones reportó haber sufrido al menos una brecha relacionada con identidades durante el último año, mientras que el 83% experimentó dos o más incidentes de este tipo. Al mismo tiempo, Unit 42 revela que el 87% de los incidentes modernos involucran múltiples superficies de ataque y que, en los casos más rápidos, los atacantes pueden comenzar a extraer información en apenas 72 minutos. Estos hallazgos reflejan una realidad que va mucho más allá de cualquier torneo, concierto o encuentro internacional, nos muestran que estamos entrando en una era donde la velocidad de las amenazas se acerca cada vez más a la velocidad de las máquinas y donde la confianza digital se ha convertido en un recurso estratégico.
Para México y América Latina, este fenómeno resulta particularmente relevante. La región está acelerando la adopción de servicios digitales, métodos de pago electrónicos, plataformas de entretenimiento, ciudades inteligentes y modelos de interacción apoyados en inteligencia artificial. Conforme estos ecosistemas crezcan, también lo harán las oportunidades de innovación, pero igualmente aumentará la necesidad de proteger identidades, datos, operaciones y experiencias digitales. Por ello, la conversación sobre ciberseguridad ya no debe limitarse a la protección de infraestructuras tecnológicas. Hoy hablamos de proteger la confianza que sostiene la economía digital, la continuidad de los servicios y la experiencia de millones de usuarios.
Frente a este escenario, la preparación será fundamental
Para los usuarios, las medidas más efectivas continúan siendo verificar siempre la autenticidad de sitios y aplicaciones, habilitar mecanismos de autenticación multifactor, desconfiar de mensajes o promociones que generen urgencia excesiva y mantener una actitud crítica frente a contenidos que utilicen imágenes, audios o videos aparentemente legítimos. En una era de inteligencia artificial generativa, ver ya no siempre significa creer.
Para las empresas, instituciones y organizaciones, el reto pasa por adoptar una visión más amplia de la seguridad digital. Esto implica fortalecer los controles de identidad y acceso, reducir privilegios permanentes, contar con mayor visibilidad sobre usuarios, dispositivos y sistemas, eliminar silos tecnológicos y desarrollar capacidades de monitoreo y respuesta que operen en tiempo real. También significa prepararse para un entorno donde humanos, máquinas y agentes de inteligencia artificial convivirán de forma permanente dentro de los mismos ecosistemas digitales.
Si algo nos deja este acontecimiento global es que el futuro de los eventos masivos no será únicamente presencial ni únicamente digital. Será una combinación cada vez más integrada de ambos mundos. Y conforme esa convergencia continúe acelerándose, también crecerá la responsabilidad de garantizar que las experiencias, servicios e interacciones que la hacen posible sean seguras, confiables y resilientes. Hoy, el verdadero desafío ya no consiste únicamente en proteger un evento, consiste en proteger el ecosistema digital que lo hace posible y que seguirá creciendo mucho después de que termine.

